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Tú, tu mismo y tu logo*

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Tú, tu mismo y tu logo*

Hoy toca plantear un tema interesante -aunque escabroso- para todos los vividores que nos dedicamos al diseño. Un tema que, una y otra vez, nos toca relatar a nuestros clientes a la hora de comenzar a trabajar: el logotipo de tu empresa. Tu logo*.

Antes de nada: Pasos a tener en cuenta para crear tu logotipo

En el diseño de un logo hay muchos factores a valorar. La mayoría de ellos, y a su vez los más generales, tienen que ver con nosotros mismos. Esto es: nuestro tipo de negocio, público objetivo al que nos queremos dirigir, sector en el que nos encontramos, las plataformas en las que tenemos más o menos presencia, etcétera.

Bien, hasta aquí todo claro, nada que no podamos concretar con un buen briefing o entre todos en una agradable reunión/interrogatorio -o de kickoff, que no se diga- de esas que tanto nos gustan.

Pero, más allá de esto, que es un poco de perogrullo, hay detalles que suele venir bien cumplir. Y son esos detalles, precisamente, los que dan sentido a este post. Detalles que te ayudarán a comprender mejor el trabajo de creación de un logo.

Es simple (I): Busca lo icónico

La sencillez en cuanto a las formas es una de las claves para que una identidad sea efectiva. Y si lo piensas, la razón es bastante evidente: percibes diariamente una cantidad de información enorme por esos ojitos que dios te ha dado y tu cerebro, que es maravilloso y espectacular pero tiene sus límites, procesa mejor las figuras básicas.

Además, no solo es tu cerebro el que se niega a que te compliques, también hay otras limitaciones de producción que impedirán que tu imaginación vuele. Algo tan sencillo como imprimir una tarjeta con tu logo puede convertirse en un gran follón si no has seguido este primer mandamiento a rajatabla.

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Si tu logo es sencillo, será fácil generar unas aplicaciones chulas y acordes unas con otras, para que, si en tu negocio usas furgoneta, tienes vinilos en el escaparate o te has atrevido con una flamante app para iPhone, tu marca se vea que ni pintada en cualquiera de éstas. Y tu gustito al verla se incremente x 1000.

Por el contrario, si empezamos a liarnos la manta a la cabeza con volúmenes, ladrillos tridimensionales, tipografías ilegibles o doscientas tintas, quedará mal lo pongas donde lo pongas. Una pena pero es así, palabra de diseñador.

Es simple (II): Un concepto en diseño vs demasiadas cosas

El dichoso “conceto”.

Cuando queremos plasmar en imagen todo lo que hacemos, la cosa se complica y muy a tu pesar toca decidir. Mala suerte.

Ejemplifiquemos: eres electricista. A su vez eres bueno haciendo cualquier tipo de reforma así que también ofreces ese “otro tipo” de servicios. Pero no eres un electricista cualquiera, eres ni más ni menos que la cuarta generación de electricistas en tu familia. ¿Y tu bisabuelo? Tu bisabuelo era un señor respetable, ¡fue el primero en subirse a una escalera de veinte metros introduciendo así el trabajo de altura en tu pueblo!

Guay. Tu marca puede molar bastante y está bien que inviertas en ella. Pero, ¿qué quieres contar?

Es relativamente lógico que quieras destacarlo todo. Incluir en tu logo algo representativo de tu profesión, la calidad excepcional de tu servicio, la historia que te precede, tu nombre y el nombre de tu bisabuelo… Pero créeme, no es buena idea. Un logo demasiado complejo no funciona. Primero, porque habrá tal mezclum de elementos que pasará desapercibido (o llamará la atención por horrible). Y segundo, porque hacerlo manejable para poder utilizarlo te va a resultar imposible.

En definitiva, quédate con un “conceto” y haz de su imagen algo sencillo, reconocible y funcional.

Piensa en tu marca (I): el branding es importante

Que la cosa está muy mala ya lo sabemos todos, pero no por eso vas a dejar de plantearte las cosas como algo realmente grande. Que vayas a reventar el mercado… pues oye, ni idea. Lo que sí queda claro es que el mejor comienzo es pensar bien las cosas antes de empezar.

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Y ahí andamos. Mira que en Microbio lo decimos muchas veces: el logotipo es lo primero primerito que debes plantearte al darle caña a tu negocio. Si te va bien (si te va mal, pues mala suerte y a otra cosa) probablemente necesites ampliar tu empresa y generar nuevas vías de negocio. Esas vías de negocio necesitarán representación física de tu marca y si pensaste en todo esto al principio, quizá estés preparado para tal efecto.

A esto se le llama manual de identidad corporativa y, aunque los tochos de tropecientas páginas repletas de aplicaciones pasaron a la historia, está bien que te plantees ciertos elementos básicos para poder plasmar tu logo y darle vidilla: los clásicos tarjeta de visita, sobre y subcarpeta, aplicaciones online o *ponaquíloqueseteocurra* te vendrán bien según vayas creciendo (o reventándolo, you know).

Piensa en tu marca (II): es algo para toda la vida

Pues sí. Así en general, pensar a largo plazo no mola. ¿Quién sabe dónde voy a estar yo dentro de veinte años? ¡Ya veré más adelante!

Pues no. Lamentablemente, tu logo no se puede cambiar por otro como haces con esa moderna chaqueta de entretiempo cada primavera. Y la razón, nuevamente, no es muy retorcida: La identidad de tu negocio requiere de cierta inversión. Esa inversión, a parte de lo evidente de pagar lo correspondiente a tu diseñador (o en su defecto pagar dos duros a tu sobrino) incluye unos costes de desarrollo e imprenta. Así que, de forma somera, si cambias tu logo en poco tiempo y tienes que volver a imprimir, rotular o generar nuevo contenido entorno a una nueva imagen, toda esa inversión se va al garete.

Tu marca no debe (o no tiene) que ser como tú

Ésta es extraña. O quizá es extraña para nosotros, acostumbrados como estamos a esto de los negocios de otros. Pero lo cierto es que se da -vaya que si se da- el caso del cliente que nos pide que trabajemos sobre su marca en base a un color concreto por el mero hecho de ser su color prefe.

Ejem… está bien que intentemos ser fieles a nosotros mismos, pero hay cosas que son importantes y otras que no lo son tanto. Que tengas un color favorito es de las segundas y, aunque creas que los colores son sencillamente eso, significan mucho más de lo que tu piensas.

Escoger una gama cromática adecuada para tu negocio es importante y quizá el resultado no sea el que tu imaginas. Psicología del color, que le llaman.

Extra Ball: Déjale hacer a los profesionales

Pues bueno, pues vale. ¿De cajón, no? Pues no, en este sector no es tan sencillo. Por suerte o por desgracia, todos tenemos en nuestro interior un pequeño diseñador malhablado y arrogante que opina indiscriminadamente sin pensar muy bien en las consecuencias. Lo cual está muy bien, hasta cierto punto.

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Si bien el diálogo entre diseñador y cliente es positivo para el trabajo final, muchas veces, simple y llanamente, te tienes que fiar. Hay cosas que un diseñador sabe y tú no, y la energía que un servidor gasta en convencerte de esto o de aquello se puede tornar en un auténtico quebradero de cabeza si no confías en mi profesionalidad.

Así que, lo mejor para todos: busca un estudio que tenga un portafolio chulo. Es más, busca muchos y quédate con el que más te guste de todos los que encuentres. Y a partir de ahí (si puedes permitírtelo), apuesta por ellos y déjales hacer.

Ganarás tú, ganará el diseñador y sobre todo, ganará tu marca.

(*) Dentro de este maravilloso mundo llamado diseño gráfico, puede que ‘logo’ no sea la mejor palabra para definir la imagen de un negocio. De hecho, “imagen corporativa” quizá sea la más correcta, pero como en Microbio intentamos hacer de las cosas algo sencillo, lo dejamos como está y así nos entendemos todos.

Fernando Bedmar
fernandobedmar@gmail.com

Diseñador gráfico e ilustrador de profesión. Después de pasar —entre otras cosas— cinco añitos garabateando en la Facultad de Bellas Artes, ahora gasto mis horas como el socio artistilla de Microbio Comunicación. Y mola.

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