Claves para un buen diseño de etiquetas de vino

Resulta evidente que nuestra apariencia no puede definir quiénes somos. Sin embargo, casi todos le concedemos un grado de importancia bastante alto, ¿verdad? Lo mismo sucede en muchos otros ámbitos, y el diseño de etiquetas de vino es un buen ejemplo de ello.

Realizar un buen diseño es la forma más sencilla y directa de llamar la atención de los compradores:lo cierto es que, para quienes no somos expertos en la materia, ésta es una de las razones principales por las que un producto puede terminar en nuestra cesta.

Por eso, aunque sabemos que no se debe juzgar un libro por sus tapas, queremos dejarte algunas claves a tener en cuenta para que tu diseño de etiquetas de vino sea todo un éxito 😉

El punto de partida: el Branding

Cuando se elabora un gran producto, la reacción habitual de muchas bodegas es buscar un diseño rompedor, que les ayude a posicionarse o consolidarse como un referente. Y lamentamos decir que éste es, precisamente, uno de los fallos más habituales en el diseño de etiquetas de vino.

Incluso si se trata de nuestro mejor producto y queremos hacerlo destacar, debemos intentar evolucionar desde una esencia común: el Branding. Sobre todo si ya hemos alcanzado una reputación prestigiosa en el mercado.

Así, partiendo de una base previamente definida en cuanto a propósito, tipografías, colores o mensajes (que ayudarán a que el consumidor distinga nuestra marca de sus competidoras), los diseñadores mezclan estos puntos de unión con componentes originales que doten de personalidad propia a nuestro nuevo vino.

Será, por así decirlo, como reconocer algunos de nuestros rasgos más atractivos en el rostro de nuestros hijos.

 

Cuestión de equilibrio

No nos malinterpretes: pese a lo que hemos dicho antes, sorprender al consumidor puede ser un acierto, ya que llamar su atención hará más sencillo que nos seleccione.

El reto está en reflejar innovación sin olvidar nuestra esencia, lo que nos distingue.

Para que se produzca este equilibrio comunicativo, además de apoyarnos en el Branding, necesitamos conocer en profundidad el producto que queremos comercializar. Por ejemplo, si estamos trabajando en un caldo fresco, atrevido y diferente al resto de vinos de nuestro catálogo, tiene mucho sentido trasladar a nuestro diseño todas esas características. Sin embargo, si se trata de un producto que asume pocos riesgos o variaciones con respecto a sus “hermanos mayores”, ¿qué sentido tendría una propuesta de etiquetado radicalmente distinta?

De esta forma, más que sorprender “por inercia”, tenemos que plasmar en un lenguaje visual y llamativo los elementos que convierten a nuestro vino en algo único. Así ayudaremos al consumidor a apreciar estos nuevos matices desde el lineal de la tienda o el seleccionador de productos de un e-commerce.

¿Quién es nuestro target?

Cualquier proyecto de diseño debe tener presente para quién estamos trabajando. Y cuando planteamos esta cuestión no nos referimos, ni mucho menos, a la empresa que contrata al diseñador interno o a la agencia creativa.

Hablamos del consumidor final, el verdadero “jefe” de todo este tinglado.

Aunque parezca una obviedad, esto da más quebraderos de cabeza de lo que cabría esperar. De hecho, la experiencia nos dice que en muchas ocasiones los profesionales de la marca buscan una serie de características que no encajan del todo con los gustos de su target.

Cuanto mejor conozcamos a nuestro público, más probable será que demos en la diana. Así pues, antes de empezar con un diseño de etiquetas de vino debes plantearte cuestiones como el sexo, la edad, el nivel socioeconómico y cultural, el lugar de residencia o los hábitos de compra de tu target principal.

Si nuestro público es joven, urbano y sofisticado, pasar de convencionalismos e introducir elementos de vanguardia será todo un acierto. Por el contrario, si nos dirigimos a un target senior es probable que apostemos por elementos más clásicos, que expresen otros valores (confianza, calidad, familiaridad…).

 

¿Qué es exactamente la «etiqueta» del vino?

Quizá estás pensando únicamente en el frontal de la botella y no estás considerando muchos otros elementos: la etiqueta inferior, la contraetiqueta, el collarín, la cápsula y el sello.

Todos ellos deben guardar armonía entre sí, equilibrando los puntos de atención del consumidor y, a ser posible, logrando que fije la vista en nuestros mensajes diferenciales. ¡Y no es nada fácil!

Además, en este juego de equilibrios también debemos considerar el tipo de botella que utilizaremos. Por un lado, dependiendo de la forma de la botella dispondremos de más o menos espacio de trabajo; y, por otro, el color también afectará al conjunto visual del diseño.

 

Adaptación al mercado

¿Nuestro vino podrá encontrarse en supermercados o solo estará a la venta en e-commerce? ¿Lo comercializamos para el canal HORECA o está destinado al consumidor final? ¿Lo lanzamos únicamente para el mercado local o tendrá presencia en otros países? ¿Vamos a comercializar una edición especial?

Dependiendo de dónde vendamos nuestro producto, el diseño de la etiqueta de nuestro vino deberá estar preparado para posibles adaptaciones.

No es lo mismo el lineal de un supermercado, una tienda gourmet o el expositor de un aeropuerto. Ni tampoco son iguales los gustos de un europeo o de un asiático (ni su normativa). Por ello, además de conocer a nuestro público, también deberemos saber dónde va a encontrarnos.

Bueno, bonito…y resistente

Cuando trabajamos en gran consumo debemos tener en cuenta un valor fundamental: la seguridad. Y el packaging es el principal elemento para proteger los productos de cualquier agente externo que pudiera dañarlos o alterarlos.

Debido al auge que está viviendo el comercio online, el packaging es más determinante que nunca para asegurar que los productos lleguen en perfecto estado a los hogares de los consumidores.

Y, además, se trata de un elemento que puede sorprender e incluso fidelizar a los compradores de la marca, ayudando a transmitir mensajes diferenciadores. Por ejemplo, si elaboramos vinos ecológicos podemos utilizar cartón reciclado para preservar nuestras botellas.

Por lo tanto, cuando pensamos en cómo “vestir” nuestro vino no debemos centrarnos únicamente en su etiqueta, sino que valoraremos un diseño integrado de caja, envoltorio y etiqueta que preserve bien el producto y, además, transmita una imagen coherente y atractiva.

 

Una buena selección de materiales

Si atendemos a sus condiciones de consumo, hay dos cuestiones que son especialmente relevantes para el diseño de etiquetas de vino: la humedad y la temperatura. Así pues, en primer lugar apostaremos por la calidad y luego nos centraremos en la estética.

Gracias a los avances tecnológicos, lo cierto es que las posibilidades de diseño son prácticamente ilimitadas. Actualmente, por ejemplo, son tendencia los elementos porosos, pero podemos optar por materiales anti-humedad, texturizados, vinilos,… Incluso se pueden emplear tintas termo-sensibles, que nos indican si el vino se encuentra a la temperatura adecuada para su consumo. ¿No te parece una genialidad?

 

Aprovechar el espacio

El espacio de una etiqueta es bastante limitado, por lo que tenemos que priorizar los elementos que incluiremos en ella.

Más allá de la información obligatoria que tiene que aparecer en el producto (y que habitualmente se coloca en la contraetiqueta) tendremos que plantearnos si va a marcar la diferencia que compongamos un mensaje ingenioso y divertido, si vamos a ceder el papel protagonista a las imágenes y reducir el texto a lo básico…

En cualquier caso, debemos tener presente que tanto el minimalismo como el barroquismo transmiten un mensaje en sí mismos. Y, por si tienes dudas, te dejamos un consejo gratuito: a no ser que tengas algo verdaderamente importante y distintivo que expresar, menos es más.

 

Ya lo decía Maquiavelo: “pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”. ¿Lo tendrás presente cuando trabajes en el nuevo diseño de una etiqueta de vino?

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