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Historia de la publicidad III: El nacimiento de los carteles modernos

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Historia de la publicidad III: El nacimiento de los carteles modernos

Atractivos colores, juegos con letras y cuidadas ilustraciones que consiguieron elevar la acción publicitaria hasta el mundo del arte

¿Te imaginas asistir al festival del año sin mirar el cartel? Puede parecer que los nuevos formatos digitales lo están cambiando todo o casi todo, aunque, eso sí, los carteles siguen siendo un método de comunicación sumamente eficaz. Pero… ¿cuándo empezamos a usarlos?

En nuestro post Historia de la publicidad I, te contábamos que ya los clásicos empezaban a utilizar carteles en las puertas de sus tiendas, comercios, tabernas, mercados… para señalarnos que había dentro e incluso algunos se curraban símbolos o dibujos para dejarlo más claro, y porque no decirlo ¡más bonito!

La revolución del cartel

Nada hubiera sido lo mismo sin ti, querida imprenta de tipos móviles.

Aunque ya se habían llevado a cabo algunos experimentos en este campo, se reconoce a Gutenberg como el padre de la imprenta moderna y el que revolucionó nuestro acceso al saber, al diseño, al marketing… al “mira que cartelito ¡más molón!”

Y es como te estarás imaginando, sin imprenta no hay cartel, o por lo menos como lo conocíamos hasta la aparición de Internet, Facebook o Whastapp.

Siempre hay una primera vez y, en esto de la cartelería moderna, sería el impresor William Caxton el que se estrenaría con el primer anuncio impreso en Inglaterra en 1762.

En Francia, en 1800, ya podíamos encontrar acciones publicitarias de la mano de Bierre de Mars o la obra de Manet “Champfleury-Les Chats” que anticipan lo que será el cartel en el futuro.

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El cartel en Francia: Cheret y Toulouse-Lautrec

El nacimiento del cartel moderno adquiere un mayor atractivo visual de la mano de su creador, J. Chéret. Su poder expresivo era tal, que todos los comerciantes parisinos querían uno.

La litografía, aunque no era algo nuevo, fue revolucionada por Chéret con la tricotomía ( o técnica de los tres colores) llevándola a su punto máximo de perfección.

Las mujeres, con una elevada carga de erotismo, belleza y estilismo, eran el reclamo principal, siendo este un claro indicador de que el nacimiento del cartel moderno había llegado.

Las composiciones dinámicas rompían con los cuerpos sólidos y la simetría imperante hasta entonces. El cartel refleja un nuevo lenguaje directo que busca la sugestión, es decir, hacernos sentir algo y no sólo informarnos de un producto.

¿Os parece sugerente? El atractivo de los colores, el juego de las letras y unas ilustraciones cuidadas eran el corazón del éxito de Cheret.

El cartel pronto se elevaría a la categoría de arte, gracias a otro francés, Henri de Toulouse-Lautrec.

Su inspiración en el barrio de Montmartre, donde estableció su estudio, se reflejaba en sus obras, en las que representaba la vida de la intensa ciudad nocturna parisina.

Si algo no se le escapaba, era su habilidad para captar la psicología y actitudes de los personajes a los que representaba. Sus expresiones caricaturizadas marcaban el inicio del expresionismo.

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Las innovaciones en tamaño, color y forma, daban un aspecto único a los carteles de Lautrec.

Primera Guerra Mundial y la Revolución Soviética

Con la Guerra Mundial el cartel adquiere un nuevo significado: La Propaganda

La campaña publicitaria de la Primera Guerra Mundial fue la más grande conocida hasta la época. Los americanos, en su estilo de hacer todo a lo grande, produjeron más de 2.500 diseños y imprimieron 20 millones de carteles.

Los soviéticos no se quedaron atrás: con unas ideas nuevas, necesitaban un arte nuevo y este se vió plasmado en sus diseños propagandísticos. Los rusos demostraron ser los líderes de la nueva propaganda y el cartel iba a ser una de las armas más vitales que utilizarían para todo.

Una sociedad industrializada necesitaba nuevas formas de expresión más acordes a su forma de vida: cubismo, dadaísmo, futurismo, constructivismo ruso, arte exótico… La gente se sentía en una época moderna y querían ¡cosas nuevas y rompedoras!

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Estilos agitados, diagonales, fotomontajes, colores primarios… era la sociedad tecnológica en la que esperaban vivir los soviéticos y se plasmaba en sus carteles.

El “Art Deco” llevó la ciencia del diseño a todo el globo. Popularizado como movimiento decorativo, pronto convertiría a la máquina, la energía y la velocidad en los temas primarios de todo tipo de expresiones artísticas.

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Los carteles de cruceros Normandie, Statendam y Atlantique de Cassandre se convirtieron en iconos de la edad industrial.

Los orígenes del cartel comercial en España

¿Qué sería de nuestra memoria colectiva sin la chulapa con un mono y su botella de anís bajo el brazo? ¿o la cordobesa que se agarraba a una ramita de olivo de Carbonell?

“Reales Hospitales. Haviendo de celebrarse dos corridas de toros en la plaza, que se halla armada en la dehesa de esta Villa, inmediata al Soto Luzon, para convertir su producto en alivio de los pobres enfermos de los Reales Hospitales (…)”. El cartel más antiguo que se conserva en España es de 1737.

El primer cartel que se conserva en España es sobre un festejo taurino y data de 1737, aunque aún está muy lejos del estilo de un cartel moderno.

El cartel empezó a tener mucha más importancia y las marcas realizaban concursos internacionales bien remunerados en los que participaban artistas internacionales como Alphonse Mucha.  El maestro del modernismo fue el autor de carteles como “el papel de fumar de Job” y “el chocolate Almalter”.

Los españoles también destacaron en el arte de la cartelería, como es el caso de Ramón Casas y su cartel de “Anís del mono” de 1898. Uno de los carteles más cotizados por los coleccionistas.

En el libro “El cartel en España” del catedrático Raúl Eguizábal se destacan otros grandes artistas que cultivaron el arte de la cartelería como Picasso, Dalí o Renau… Este último será el favorito del autor con su obra maestra “La piscina Las Arenas” de 1932.

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El cine soviético y la vanguardia rusa reflejados en la mujer atlética en la piscina Las Arenas de Renau.

Otros iconos culturales de la época, aunque con menos calidad artística, fueron el de Pere Abarca de Carbonell (1915), los gordos y los flacos de los Chocolates de Matías López, de Ortego (1871) o el elefante de los insecticidas de Orión, de Caplera (1945), entre otros que permanecen con cariño en la mente colectiva de la época.

Los carteles han sido el vivo reflejo de la corriente artística de su época.

Un matrimonio perfecto entre publicidad y arte que salía de las galerías para tomar los escaparates y las paredes de los pueblos y ciudades.

Un reflejo cultural entre la vida cotidiana y la mente creativa del artista. Y dicho todo esto, sólo nos queda decir: ¡Larga vida al cartel!

Raquel Sarmiento
comunicacion@microbio.tv
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