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Historia de la publicidad I: De los clásicos a Gutenberg

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Historia de la publicidad I: De los clásicos a Gutenberg

En papiros, en puertas, a voces… antes de que existiera la imprenta ya se hacía publicidad, aunque el invento de Gutenberg sería clave para su popularización

¿Qué sería del hombre si no comunicara a los cuatro vientos lo que le pasa? Cállate, le decimos siempre a nuestra pareja cuando su cansinidad nos abruma y añadimos… y bésame, para que no se dé cuenta de que nos tiene la cabeza como un bombo.

¡Bendito silencio!

No seríamos humanos si no pudiéramos comunicarnos, pero no siempre que abrimos la boca emitimos publicidad. Excepto mi vecino el del cuarto, que tiene una pescadería; él siempre que abre la boca es para cantar la oferta del día, y digo cantar porque siempre le pone ritmo de bachata.

Entonces, antes de hablar sobre el origen de la publicidad, tendremos que definirla. Saber lo que es para poder hablar de ella.

La esencia de la publicidad es su naturaleza comunicativa, y existe desde que alguien la utilizó para persuadir o modificar el comportamiento o la actitud de otra persona.

¿Así de fácil es esto de la publicidad? Pues casi, casi.

Pero hay otro elemento que se añade a la persuasión y que, a su vez, es fundamental; ni más ni menos que su función económica: el fin último con el que lo utilizan mayoritariamente las empresas es vender más.

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Los clásicos, los pioneros de la comunicación persuasiva

La prehistoria de la publicidad nos lleva hasta la antigüedad, donde los reclamos orales y escritos formaban parte del sistema social.

Por las calles, en los mercados locales, en las primeras tiendas o en las ferias era cada vez más recurrente señalar a voces, y con los primeros carteles, las novedades o los productos más destacados.

¿SABÍAS QUE?… El texto publicitario más antiguo fue publicado en la ciudad de Tebas hace 5.000 años.
Escrito en un papiro por un comerciante, ofrece una moneda de oro al que encuentre a uno de sus esclavos y «lo devuelva a la tienda de Hapú, el tejedor, donde se tejen las más hermosas telas al gusto de cada uno»

La viva voz fue el primer medio con el que el heraldo o kerux hacía llegar los mensajes. Algo parecido al entrañable afilador que, con su reconocible melodía y la modulación de su voz, nos ofrecía su trabajo.

La música era un reclamo más que acompañaba a los mensajes, normalmente de las instituciones públicas, pero también de particulares que veían en su expresión oral y su don de gentes el mejor “relaciones públicas” para su negocio.

En Roma, con una actividad comercial intensa, los comerciantes contratan a los praecos y en la Edad Media, ese mismo papel, lo llevarían a cabo los pregoneros, constituidos como gremio en el s. XII.

El reclamo escrito, las señales y la identidad corporativa se empezaron a utilizar en las primeras ciudades: desde señalar caminos, hasta informar de tiendas, de gremios o las tabernas donde tomar un chisme.

Todo empezó a tener pronto sus propios símbolos o caracteres significativos… Lo más in empezaron a ser los carteles de madera o de hierro que colgaban de un avance hacia la calle o en la pared con el tipo de negocio, ¿te suena? No hemos cambiado tanto, al parecer.

Ese tipo de cartel de la época podría considerarse como el primer antecedente de la publicidad exterior, aunque raramente tenía un carácter comercial, siendo esencialmente información para atraer a los clientes dentro. Vamos, el inbound marketing de hoy.

¿Arte o vandalismo? Puede que en la antigüedad no conocieran el sonido del spray, pero los romanos ya hacían graffittis. Los muros de Pompeya están llenos de mensajes de todo tipo, ¿quieres leer alguno?

Los ciudadanos empezaron a pintar las paredes para protestar, pedir algo o para el típico “fulanito estuvo aquí”… así que es muy probable que alguien se empezara a preguntar: ¿qué les pasa a los jóvenes de hoy?

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Gutenberg y los medios impresos

Si alguien la lió parda en esta época, fue Gutenberg.

“No le enseñéis a nadie la prensa”, Gutenberg trabajaba con sigilo en lo que sería uno de los inventos más importantes que cambiaría el mundo.

Gracias a la imprenta, la difusión del saber se expandió, ya que no hacía falta copiar a mano cada uno de los libros, y pronto se empezaría a utilizar la imprenta manual para otras formas de comunicación que no existían hasta entonces, como los medios impresos.

Antes del nacimiento de la prensa escrita, ya habían surgido los avisos y los almanaques, donde se distribuía la información del reino, también con sus implicaciones publicitarias (porque a los antiguos no se les escapaba una).

La evolución de los anuncios en el inicio de la prensa

Es difícil imaginar la publicidad sin un anuncio de colonia, así que no es extraño que en la Venecia de 1691 ya encontráramos alguno como el del perfumista del Duque de Orleans y de todo tipo de gremios que hacían sus pinitos en el arte de anunciarse.

Los precedentes de la agencia de publicidad: en 1611 nace la oficina de aviso en Londres, seguida en París de la oficina de las direcciones que Renaudot, su creador, anunciaba en un folleto: “el conocimiento de las cosas nos induce a desearlas”.

Renaudot, que además de médico no tenía un pelo de tonto, será uno de los pioneros en hacer que prensa y publicidad se convirtieran en una pareja inseparable, no sólo con la oficina de las direcciones en París, sino también con el primer periódico puramente publicitario, Feuille du Bureau d´Adresses, ni más ni menos que el precursor de los “anuncios por palabras”.

The Public Adviser, en Londres, copiando el estilo de Renaudot será el primer periódico londinense con sólo anuncios por palabras, sería algo así como el Wallapop de 1657.

Tuvo tanto éxito que pronto le saldrán imitadores en la misma ciudad como The Weekly Information, Mercurius Politicus o The Merchant´s Remembracer, entre otros.

Como veis la publicidad va intrínseca en cada civilización y forma de sociedad. En un matrimonio perfecto con el comercio, desde sus inicios encontramos como los comerciantes se hacían eco de sus productos y de sus bondades para conseguir aumentar sus ventas.

No es raro imaginarnos una antigua Grecia o Roma con mercados en los que se nos vendieran a viva voz todo tipo de productos o un cartel indicando el templo más cercano. Si la información es poder, en aquella época darse a conocer era esencial para acabar con la incipiente competencia que venía tanto de dentro como de fuera con la aparición de nuevas rutas de comercio.

El mundo de la publicidad estaba a punto de despegar… ¿Quieres descubrir cómo continúa esta historia? ¡Síguela aquí!

Raquel Sarmiento
comunicacion@microbio.tv
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