¿Sigue siendo relevante definir la misión, la visión o el propósito de marca?

El marketing puede resultar contradictorio, ¿verdad? A veces tienes la sensación de que debes asimilar tendencias de forma urgente, y otras te parece que se siguen empleando estrategias prehistóricas. Y curiosamente, en ambos casos podrías estar en lo cierto.

La definición de la misión, la visión y el propósito de una marca entrarían en el segundo ejemplo. Quizá te suene poco atractiva o pienses que era indispensable…hace 15 años. Y, sin embargo, estos conceptos siguen vigentes en muchísimas empresas. ¡E incluso con más motivos que antes!

¿Quieres saber por qué? ¡Te lo contamos en este post!

 

¿Qué es el propósito de marca?

¿Por qué nos levantamos por las mañanas y vamos a trabajar, estudiamos o nos esforzamos en X o Y? La búsqueda del “sentido de la vida” es una constante para el ser humano. Las personas necesitamos una meta, una motivación que nos guíe y dé significado a nuestra existencia.

Del mismo modo, las empresas también necesitan un objetivo que no se reduzca a las ventas,  ya que el verdadero valor de una compañía va más allá de sus cifras de facturación. Porque cualquier marca tendrá muchos competidores capaces de hacer lo mismo que ella (o, al menos, algo bastante similar), pero no todas podrán aportar el mismo valor añadido a sus productos o servicios. Y ahí es donde reside el propósito de marca.

El propósito de marca le da sentido a la misma, apoyándose en sus valores corporativos para diferenciarla de su competencia. Y, además, da razones a los empleados para que sientan orgullo de pertenencia y ofrecen a la sociedad un motivo para existir.

Por lo tanto, el propósito de marca no puede quedarse en una simple declaración de buena voluntad. Debe formar parte de la cultura empresarial y estar acompañado de acciones que lo impulsen. Y si este propósito verdaderamente llega a formar parte del ADN de la empresa, ésta se verá muy bien recompensada. Por ejemplo, creciendo por encima de otras similares a ella, reteniendo a las personas con más talento en la compañía y siendo menos sensible al factor precio cuando una crisis económica llame a la puerta. Todo ventajas, ¿no?

Para crear un propósito de marca debemos identificar un contexto de actuación en el que nuestra marca pueda ofrecer una solución atractiva o ventajosa, definirla y activar nuestra respuesta.

Básicamente, debemos comprender muy bien cuál es el trasfondo de nuestra actividad y qué podemos aportar para mejorar la vida de los demás, entendiéndose “los demás” por nuestros clientes/consumidores o la sociedad en general, dependiendo del alcance de nuestro negocio.

Por ejemplo, la marca Dove se dedica a la elaboración y comercialización de productos de higiene, fundamentalmente utilizados por mujeres. En ese contexto, ha descubierto que su propósito de marca puede ser potenciar el bienestar femenino, por lo que impulsa acciones que mejoren la autoestima de las mujeres, y las ayuden a descubrir su potencial y a sentirse a gusto en su propia piel.

Diferencias entre la visión y el propósito de marca

La visión define hacia dónde quiere llegar nuestra empresa en compañía de sus clientes, empleados y del conjunto de la sociedad.

¿Existe una gran diferencia entre la visión y el propósito de marca? En realidad, cada vez menos, ya que las compañías que nacen con una idea responsable de negocio no necesitan una “visión” al tener su propósito integrado desde sus inicios.

Sin embargo, aquellas compañías que se han construido desde la visión, sabiendo a dónde querían llegar pero buscando hacerlo solas, sin compañeros de equipo, sí que necesitan un propósito. Y este matiz es importante, porque es bien sabido que solos avanzamos más rápido, pero juntos somos capaces de llegar más lejos.

 

La misión: el camino por recorrer

Como hemos visto, para plantear un propósito de marca debemos establecer una solución concreta para un contexto de actuación determinado, ¿verdad? Pues bien, la misión de marca es la forma en la que aportamos esa respuesta, la manera en la actuamos.

Para definir la misión de nuestra marca debemos centrarnos en cuatro elementos: a qué nos dedicamos, cuál es nuestro público objetivo, cómo podemos contribuir a nuestro entorno en general y qué nos hace diferentes de los demás. De este modo, la misión debe poder sintetizarse en una sola frase, expresando los valores diferenciales que permitirán a nuestra empresa aportar soluciones mejores que las marcas de su competencia.

Por ejemplo, la visión o el propósito de Coca-Cola es “hacer un mundo mejor”, una definición un poco etérea… Pero, ¿qué es “mejorar el mundo” para la compañía de bebidas? Según su misión, consiste en “refrescar al mundo inspirando momentos de optimismo y felicidad”. Esto ya es otra cosa, ¿no?

Como ves, definir estos conceptos puede ayudarnos a tener mucho más claro quiénes somos y, sobre todo, qué podemos ofrecer más allá de un determinado producto o servicio. La visión, la misión y el propósito de marca son elementos inspiradores que le dan un sentido a nuestra empresa.

Y tener una causa con la que identificarnos para ir a trabajar cada día no está nada mal, ¿verdad?

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