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Usando las tipos (II)

Consejos para distinguir y utilizar las tipografías correctamente.

Usando las tipos (II)

Ya eres un completo conocedor de tipografías.

¿Vas notando ansiedad al ver toda esa cantidad de tipos en tu ordenador? ¿Acabas de tener un colapso porque ya no sabes cuál elegir para el cartel de la próxima junta de vecinos? ¿No te vale ya la clásica dualidad Times New Roman/Comic Sans?


Nada, suelta el Valium. A continuación, te damos una sencilla receta para que en, cinco pasos, te desenvuelvas como pez en el agua en el difícil arte de escoger las tipos adecuadas para cualquier proyecto.

¡Empezamos!

Paso 1: ¿A quién va dirigido el proyecto?


Todo mensaje tiene un destinatario. Ya sea un informe anual de 1.500 páginas con gráficos, la invitación al cumpleaños de tu sobrino, el logotipo de la tienda de colchones de tu cuñado o el meme tan gracioso que estás a punto de retuitear.

A la hora de elegir las fuentes o tipografías (recuerda del post anterior que son casi sinónimos), piensa en el destinatario: para esa invitación de cumpleaños puedes ponerte muy creativo pero quizás los críos no tengan suficiente soltura para leerlo. O qué decir de leer un informe larguísimo en Comic Sans, una tortura ¿verdad?

Hay tipografías que están especialmente diseñadas para un determinado tipo de público, como, por ejemplo los niños. La fuente Sassoon Primary se diseñó tras estudiar qué tipos eran leídas mejor por los más peques. Las conclusiones a las que llegaron los diseñadores es que un tamaño generoso y unas formas que recuerdan a la caligrafía son las más apropiadas para una tipografía que se va a usar en un libro infantil.

Por otra parte, el periódico italiano La Reppublica ha encargado la creación de una tipografía propia para el rediseño de su periódico, y entre los requisitos a los que se enfrentaron los diseñadores estaba el de hacer una tipografía que representara la tradición del diario, pero que también encajara con el diseño joven de la nueva maquetación.

En definitiva, determinar qué tipo de público va a recibir el mensaje es empatizar con el lector y se trata de la piedra angular para la elección de las tipos en cualquier proyecto.

Paso 2: ¿Qué tipo de proyecto es?

Cada proyecto es distinto y plantea una serie de problemas que deben ser resueltos. Como decimos, seleccionar la tipografía es una de esas trabas, y establecer el propósito del proyecto va a ser clave para desarrollarlo en condiciones.

Imagina entonces que te han encargado diseñar una web con muchísimo texto y en varios idiomas. Para ello, no estaría mal buscar una familia de las denominadas ‘Pro’ y que, además, esté optimizada para pantallas, pues son las fuentes más completas y es habitual que tengan soporte para otras lenguas.

Eso sí, estas familias ‘Pro’ no son baratas y quizás no puedas permitírtelas, pero hay otras gratuitas perfectas para hacer el mismo trabajo y con resultados más que dignos hoy día.

En el caso de que lo que necesites sea una tipo para un cartel, probablemente tengas que acudir a alguna familia más decorativa y con una presencia mucho más determinante: la idea de un cartel siempre es, primero, llamar la atención y, segundo, informar, así que no es raro añadir otra tipografía más sencilla y legible para los datos descriptivos.

¿Hasta ahora bien? ¡Venga, que ya sólo nos quedan los tres últimos pasos para dominar el ‘nirvana tipográfico’! 😉

Paso 3: ¿Cuál es el tono del proyecto?

Teniendo claro el público y el tipo de proyecto, es ahora cuando toca ponerse creativo.

Marcar el tono de un proyecto no es fácil, y requiere tener un poco de cultura visual. ¿Que qué esto? Bueno, es complicado de explicar. Pero igual que de pequeños nos enseñan a leer un texto, sacar su estructura y, en definitiva, comprenderlo, podemos hacer lo mismo con las imágenes.

Cada día nos golpea una cantidad brutal de imágenes y saber qué nos quieren contar es básico en el mundo contemporáneo: una foto en blanco y negro del rostro de un anciano al estilo de Lee Jeffries no evoca la misma sensación ni quiere decir lo mismo visualmente que un retrato en blanco y negro de Helmut Newton.

Esto también puede aplicarse a la tipografía como parte de lo visual. Es decir, las tipos son imágenes en sí mismas y su combinación y aplicación puede determinar el tono y la línea visual de una imagen.

Aquí va un ejemplo para que se entienda mejor. Si vamos a escoger una tipografía para el logo de una panadería tradicional, hay que buscar una que aporte el tono acorde con lo tradicional o lo artesano, y para esto quizá no haya nada mejor que una script. Si, por el contrario, queremos una tipo para la imagen de una consultora informática, puede que debamos decantarnos por una opción algo más moderna como una sin serifa (o sans-serif) o, incluso, una monoespaciada.

¿Y para una novela? Por lo general, se suele elegir una tipografía aséptica, que moleste lo menos posible, lo importante es el contenido.

Paso 4: ¿Cuánto contenido tiene el proyecto y en qué soporte se va leer?

Esto es lo más ‘fácil’. El contenido puede ser una simple frase en una valla publicitaria enorme o un libro de 700 páginas. Y elegir tipografía es esencial en un proyecto en el que necesitamos ahorrar páginas, o bien puede ser determinante si la tipo se va a leer en una pantalla de muy baja resolución.

Por ejemplo, es posible contar con tipografías condensadas (o condensed), cuyos glifos son más estrechos de lo normal. Esto nos va a permitir meter mucha información en espacios pequeños como las pantallas de los móviles. No obstante, perderíamos legibilidad, es verdad, aunque si no es nuestra prioridad principal, quizás sea lo más recomendable.

Pero si que se lea bien es primordial y hace falta una tipo legible para pantallas de baja resolución, lo ideal es recurrir a una tipografía pixelada porque es la manera de garantizar aseguraremos una lectura sencilla y correcta sin mayores obstáculos, a costa de sacrificar, eso sí, el aspecto final.

Paso 5: ¿Qué jerarquía tiene el mensaje?

¡Y ya estamos en el último paso! ¡En la última frontera!

Llegamos al momento de desgranar el mensaje en cada una de las partes que lo componen para después recomponerlo de tal manera que puedan diferenciarse de un vistazo.

No suena muy complicado, ¿cierto? No lo es cuando hablamos de un cartel, pero puede ser más peliagudo (incluso muy peliagudo) si nos referimos a un texto académico.

La elección de las tipos es básica, ya que para ayudarnos a establecer una jerarquía es normal que usemos las variantes de una tipo o, si se prefiere, varias tipos distintas.

El principal ‘rompecabezas’ es ver de forma clara y concisa cada uno de los niveles que tiene un texto: títulos, subtítulos, viñetados, entresacados… Todo ello debe ser distinguible con un simple golpe de vista. De ahí que tengamos que basarnos en la mancha que produce el texto, o dicho con otras palabras, en el apariencia visual general que tiene un texto.

Un truco es mirar un texto desde la lejanía (o haciéndose el bizco si no trabajas en un campo de fútbol de Oliver y Benji). Además, para dominar la mancha debemos tener en cuenta los aspectos formales de la tipografía:

  • Tamaño. Una tipografía más grande se ve más a simple vista que una pequeña. Así, resulta bastante fácil determinar cuál es la más importante y en la que primero vamos a posar los ojos.

  • Peso. Una tipografía regular o light (ligera) hace una mancha menos intensa que una tipografía en negrita. Incluso si pensamos en términos de itálicas, éstas suelen hacer una mancha diferente que la variante normal, por lo que es interesante explorar las posibilidades que ofrecen.

  • Color. De siempre, el negro sobre blanco es lo que ofrece más contraste, aunque nada como dar un toque de color para que se nos vayan los ojos. ¿O es que no recuerdas el famoso rotulador rojo de tu profesor de matemáticas?

  • Posición. ¿Lo mejor? Separar un elemento de otro para hacerlo destacar. De hecho, marcar una jerarquía separando es lo primero que aprendemos al escribir, situando el título en la parte superior y luego el contenido.

  • Contraste entre tipos. Usando varias tipografías podemos crear una jerarquía visual. Una opción es la siguiente: utilizar una tipo una tipo muy visual e impactante para los titulares, y otra más discreta y fácil de leer para el texto corrido.

Aunque éstas sean las principales maneras de jerarquizar las tipos, en realidad, la combinación de todas (sin pasarse) es lo que nos brinda el mejor resultado, especialmente en textos completos como periódicos o trabajos de fin de máster.

En resumen: la jerarquía en un mensaje funciona para dirigir al lector en su lectura, separando elementos y ordenándolos para que sean fácilmente reconocibles.

Y ahora…, ¿te atreves a lanzarte a hacer tu primera composición compleja? 😀

Ana Román
ana@microbio.tv
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